
Seguimos imbuidos en la creencia de que somos este cuerpo físico, identificados con el personaje que se ha construido a nuestra llegada y con el velo del olvido bien atado frente a nuestros ojos.
Como cuando un niño juega a golpear la piñata en un cumpleaños, atravesamos nuestra vida cogiendo distintas herramientas para ver si damos a la piñata en un intento de perfeccionarnos. Ignorando que somos la perfección, y que para realizarnos tan sólo debemos quitarnos la venda, agarrar el palo de la presencia y darle bien fuerte a la vida para recibir todas sus bondades.
Podemos ni tan si quiera golpear la piñata, que a menudo, se llena de trampas, de chucherías espirituales que nos prometen unos instantes de subidón de glucosa álmica. No es necesario, porque la gracia misma de la vida se revelaría ante nuestra mirada tan sólo si estuviéramos dispuestos a deshacernos de la venda.
No sólo dispuestos, sino comprometidos. A no volver a ponerla, a continuar presentes y devolvernos a aquello que somos y que siempre fuimos. Seres eternos.
La muerte de la identidad ¿es posible?

Pero claro… este vehículo nos duele, nos siente y nos piensa. ¡Qué disparate! Es como dejarnos llevar por un automóvil que conduce solo, dirigiéndose donde él quiere y toma incluso el mando, creyendo ser el Sí Mismo que somos. ¡Usurpándonos la esencia amorosa que somos!
No creo estar en predisposición de absolutamente ninguna certeza, a excepción, de la certeza del alma que soy. Cada vez siento mi consciencia más en pañales. Cada vez, sé que sé menos. Pura ignorancia…
Ignoro porque me enfado… Ignoro porque quiero… Ignoro porque me enfermo…
Y no hay excusas ni marcha atrás, ahora he de reconocérmelo.
A mi y a todos los ignorantes que me seguís. Porque también os enfadáis, también queréis y también enfermáis.
No tomemos la palabra “ignorancia” aquí como un insulto, sino como una cura de humildad, un gesto de honradez y honor al ser puro que realmente somos.
¿Y ahora qué?
Ahora… a devolverme lo que es mío. A ocuparme de lo importante y dejar en un segundo plano que se desarrollen los asuntos más mundanos. Ahora, como siempre, a continuar aprendiendo y… descansemos en paz.

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