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Uno llega al mundo de la auto-observación como por arte de magia.

De repente, aparece una pandemia, una ruptura, un despido… Y te desestructura absolutamente todos tus cimientos.

¿Quién soy? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Por qué me siento así?

No sabes ni cómo, pero terminas buscando en Youtube algo así como “meditación guiada para dormir profundamente” y te encuentras con una tipa como yo, enchufadísima al universo, que te guía hacia mundos donde se disuelve tu sensación de necesidad, te fundes en la unicidad y sientes que todo está bien.

Ok – te dices a ti mismo – Ahora ya me he encontrado a mi mismo, mañana volveré a meditar y me iluminaré para ser un ser consciente, un ser de luz, abundante en amor y conectado eternamente con la paz interior.

Y unas semanas más adelante… Te topas con esa persona. Sí, esa. Esa que te saca de tus casillas, que te hace apretar dientes y hace que tu corazón palpite a un ritmo frenético disparando tus niveles de cortisol. Pero tú, que ya llevas tiempo meditando diariamente, recuerdas esa frase que la canalizadora de turno te dijo y que suena algo así como “lo que crees, creas, querido corazón consciente”. Qué dulce, qué melodioso… Entonces inhalas… Exhalas… Y te repites mentalmente: Es un ser de luz, sólo necesita amor. Sólo necesita mi amor y compasión.

¡Qué empático eres! Ahora sí. Estás ready para continuar tu camino hacia la iluminación. Después de esto, no hay quien te pare.

Pero vaya, se muere un ser querido. Y te agarras fuerte a eso que leíste en un libro de que todo es energía, y que la energía nunca muere, que el cuerpo trasciende y el alma, retoma su viaje para volver a encarnar en este plano. Va, venga… ¡No hay duelo que valga! Agradezco al universo por haberme permitido disfrutar de su presencia. Descanse en paz. Lo suelto.

Y qué hermoso es, levantarte al día siguiente, sentir el sol acariciando tu rostro y abrir los ojos, a duras penas, para acercarte al espejo e ir a repetir tus afirmaciones de poder: “Soy un ser infinito e ilimitado”, “Yo soy amor”, “Yo soy abundante”, “Yo soy prosperidad pura”; …

Aunque mientras desayunas, revisas la cuenta bancaria y ves que estás en números rojos. ¡Nada real puede ser amenazado! Parafraseas UCDM. Ok, mi ser está a salvo, soy un ser de luz. Por el poder de 3 veces 3: Yo Soy. Yo Soy. Yo Soy.

Te enfundas ese poncho con ese rollito indígena que tanto te mola, tus pantalones blancos super sueltecitos y quemas un poquito de palo santo mientras te pones algo de Iván Donaldson. “Todo es perfecto”, suena. Ay… La música medicina, qué hermosa es. Y entre el humo que satura todos los rincones vas caminando conscientemente, decides desenrollar la esterilla y practicar un poquito de vinyasa yoga. Mmm… Qué rico sienta estirarse y bajar al cuerpo – te dices mientras sientes los isquiotibiales a punto de romperse.

Y cuando estás en pleno savasana, suena tu teléfono y esa vocecilla de los móviles modernos que dice “llamada entrante de mamá”. ¡Mierda! Digoooo, Namasté.

Lo coges y escuchas la retahíla sin fín. Reclama que hace mucho que no la llamas, que se siente sola y llega como un maremoto el chantaje emocional que abarca finalmente 40 minutos, el tiempo justo en el que tu esencia se mengua y empieza a oler a podrido. Peeeeeero, como eres alguien empático y compasivo, tratas de hacerle terapia, le hablas de la ley del espejo, de que necesita amarse más, que siente apego por ti y no amor, y otros tantos consejos más que bien podrían pertenecer a un libro de autoayuda. Ella se siente mejor y tú…Se despide, te despides, le dices que la amas y colgáis.

¡Necesitas ponerte un café para recobrar algo de energía! Lo piensas mejor, te pones un té matcha, que el café, aunque te encante, sabes que tiene energía rajásica según el ayurveda y tú, ya tienes una mente demasiado activa. Cantas unos cuantos Oms antes de salir a la calle a echar unos curriculums.

Y así, acumulas… acumulas… acumulas… ¿Dinero? ¡No hombre, no! Eso no es nada espiritual. Acumulas emociones no gestionadas, palabras no pronunciadas, pensamientos en el desván con un cartel de “no tocar, peligro”.

¿Cómo vas a permitirte ahora caer con lo bien que ibas? ¡Tengo que meditar más! Piensas…

Hasta que un día revientas. Revientas por “tener que”. Revientas por guardar la forma. Por estar más divino que humano, por no pedir ayuda a tiempo y por creer, que alguien “despierto” no puede vivir de la misma forma que alguien “dormido”. No lo dices tú, lo ha dicho Sadhguru.

Pero explotas en impotencia de pensar que incluso cuando crees haber entendido e integrado todo, te sientes mal. Te sientes mal por estar mal. Y además, odias creer que hay bien y mal y deseas con todo tu alma sentir que todo es neutro. ¡Joder! ¡Puta mierda! Y lloras… y te sumerges dentro de esas lágrimas hasta llegar a lo más profundo: La noche oscura del alma.

¿Qué hay detrás de eso? ¿Un salto cuántico de consciencia?

No te lo voy a decir yo, pero hay otra pantalla del juego. Otra más. Probablemente, que te vuelva a hacer caer si no te permites, si no te dejas ser. Y sí, suena muy espiritual, pero te digo y subrayo: déjate ser (con todo). Incluso con esa vena neurótica que te hace volver para cerrar la puerta del armario que dejaste abierta, esa palabra mal dicha a tu hijo porque literal, “te tiene hasta el higo” o ese momento chisposo que te viene tras tomarte un par de cervezas.

¿Es esto menos espiritual? No querido no. ¿Eres consciente de que tienes un ligero TOC, poca paciencia con tu hijo o una tendencia a huir de los problemas tomando alcohol? Entonces, tranquilo, vas por el buen camino.

Darse cuenta. Mirar la sombra. Abrazarla y en una medida no obsesiva, hacerse cargo de ella para darle algo de luz e ir mejorando como ser humano.

¿Divino? Sí, mucho. Pero también humano.

Cagas, meas, te tiras pedos, te levantas con los pelos locos, quieres vivir en esta sociedad capitalista y por ello, requieres dinero para pagar tus facturas, estrategias para disfrutar de tus relaciones y ambición para lograr una autoestima medio decente.

¿Hay algo de malo en ello? Venga va, que sé que te chirría lo moralista, cambiaré la pregunta…

¿Cuál es el “para qué” de todo ello? (Esto sí sé que te mola eh…)

El “para qué” viene de que como cuando construyes una casa, requieres de tener los cimientos bien puestecitos. Sino, la casa te quedará chueca o en el peor de los casos, se te vendrá abajo corazón (sí, sí… consciente).

Tus tres primeros chakras son los encargados de esto. ¡Ey! He dicho chakras, eso te gusta también ¿verdad que si?

Mulhadhara, Swadhisthana y Manipura – Piensas, joder…¿algún día me aprenderé esos nombrecitos?

Pues seguramente, los aprendas, los incluyas en tus prioridades y sostengas la armonía energética en ellos si te unes a mi curso online llamado: Método Chakrafullness®

¿Espiritual? Sí, mucho. Pero también material y 100% práctico.

Con un grupo de locos que como tú, también prende salvia blanca cuando vienen visitas con energías densas a casa a comer.

Con un seguimiento individualizado y mentorías 1 a 1, para poder acompañarte en este proceso tan locochón que es el crecimiento interior.

Para que ya no te sientas tan rarito y de una vez por todas, las bases de tu realidad, estén asentadas desde la consciencia más pragmática jamás imaginada.

WTF Lore? Qué bien traído todo esto, ¿no? – Podrías estar pensando ahora…

Pues sí. No es casualidad, sino causalidad que esté escribiéndote esto y es en realidad, fruto de unas 337.111.692.238.182.749 noches oscuras del alma, más de 10 formaciones y tropecientas sesiones privadas que me han hecho ver que lo uno sin lo otro, no funciona. Que el cielo sin la tierra, ni es cielo ni es ná. Que sin lo de dentro, lo de fuera no tiene sentido y viceversa.

Así que paso de seguir contándote la historia de tu vida, si quieres descubrir más sobre cómo escribirla tú mismo, no te lo pienso contar yo, pero puedes pedir que alguien te lo cuente. No te olvides prender una vela, y repetir el mantra de Ganesha para que te llegue la guía divina y se abran todos los caminos para aprovechar esta oportunidad que te manda tu ángel favorito (llenita de humor del bueno y sin ánimo de ofensa). 

 

Con amor,

Lorena Molinero.

 

*Ah! Y si viniste a raíz del storie que he publicado en mi instagram en el que puse la foto de mi trasero con intención de ver completo este amasijo de componentes orgánicos llamado cuerpo que me contiene, lo llevas chungo baby… ¡Eso no lo percibe nada más quien tiene su tercer ojo bien potenciado! 😛 ¡Afina con Chakrafullness tu ajna chakra y vamos hablando!

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